CRIATURAS DEL LAGO
- Anastacia Borovskiy

- 10 may 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 31 may 2019
Parecía como si, por cada nuevo rayo de sol, la primavera estuviera cada vez más cerca del bosque. Algunas plantas empezaron a dejar al descubierto los colores vivos de sus flores y frutos, los animales comenzaron a volver a su hábitat natural tras el largo y gélido invierno, los árboles recuperaron sus hojas perdidas... Y el lago, tan abundante de agua como siempre, lucía espectacular bajo el brillo del tenue sol de primavera.
Cuando los últimos rayos de luz del día fueron desapareciendo lentamente en la oscuridad, un anciano cisne de plumaje blanco salió del lugar en el que se encontraban el resto de cisnes, para irse nadando hacia el otro lado del lago a observar un momento el cielo, y con él, la gran luna creciente que lo decoraba en aquella noche falta de estrellas que lo iluminaran. Entonces, el cisne recordó la primera impresión que tuvo en el momento exacto en el que llegó a ese lago hacía ya muchos años.
Era un joven cisne, de color níveo, cuando sus ojos observaron por primera vez aquel extenso lago y toda la naturaleza que lo rodeaba. Pequeño y asustado, no quería alejarse en ningún momento de su madre, quien, en ese tiempo, todavía vivía. Hasta que un día, con un poco de alma aventurera, salió de la zona que solían ocupar él y su familia para adentrarse en el bosque abriéndose paso a través del lago. Allí pudo ver como unos extraños animales utilizaban dos de sus patas para caminar y las otras dos para sostener un largo y delgado objeto que desprendía un ruido estremecedor, mientras que apuntaba a unos indefensos y atemorizados cisnes. Presa del pánico, pero decidido al mismo tiempo , salió nadando desde donde se encontraba hacia los animales de color blanco y se interpuso entre ellos y los desconocidos, recibiendo un fuerte y doloroso disparo de aquel objeto a su ala izquierda. Aparentemente satisfechos, aquellos seres atraparon a uno de los cisnes para segundos más tarde meterlo dentro de un objeto cuadrado con rejas grisáceas. El resto de cisnes tras ver aquella aterrante escena salieron decididos en busca de su compañero. Todos juntos comenzaron a picar con ayuda de sus puntiagudos picos a las patas inferiores de estos extraños animales, que finalmente optaron por dejar al pobre cisne nuevamente en el agua. Cuandos estos fueron desapareciendo en la oscuridad de la noche, el joven pero valiente cisne, contento tras haber obtenido la victoria en aquella “batalla” contra los desconocidos, volvió a su hogar.
Recordar este suceso y muchos otros similares le revolvían las plumas. ¿Por qué aquellos largos seres siempre los atacaban? Y no solamente a ellos, los cisnes, sino también a muchos otros animales del bosque. ¿No son ellos también animales, al igual que ellos? ¿Por qué venían, los metían en celdas y se iban? Lo que más le seguía preocupando era: ¿para qué mataron y se llevaron a su madre muy lejos de su hogar? Las respuestas a estas preguntaron llegaron a él cuando decidió preguntarle al resto de los habitantes del bosque sobre ello. Todos tenían la misma respuesta: “Son humanos”.
“Estos humanos se consideran superiores a todos nosotros y piensan que tienen el derecho de matar a todos los seres vivos que les plazca. No solamente somos los animales quienes sufren por su culpa, sino que las plantas también caen constantemente en sus garras. ¿Nunca te has fijado en que en los últimos tiempos el bosque ya no tiene la abundante vegetación de antaño? Ellos son los responsables y, desgraciadamente, nosotros no podemos hacer nada para que esto cambie.” Le dijo una vez un anciano gorrión. “Piensa que todos, tanto animales como plantas y humanos tenemos el mismo destino. Todos acabaremos de la misma forma.”
Abril 2018


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